Las plantas no cuentan lux, cuentan partículas de luz. El PPFD dice cuántas caen sobre un metro cuadrado en un segundo; la integral diaria, el DLI, las suma a lo largo de todo el día.
Por eso dos montajes distintos valen lo mismo: una lámpara floja encendida muchas horas y una potente encendida pocas. La planta ve la misma cifra, hasta el límite en que la fotosíntesis se satura.
Del PPFD al DLI
La cuenta es una multiplicación con cuidado de unidades: PPFD por segundos da micromoles, y dividido entre un millón da moles. Trescientos µmol/m²/s durante doce horas son 300 · 12 · 3600 / 1 000 000, o sea 12,96 mol por metro cuadrado y día.
El camino inverso resulta igual de útil: quien sabe qué DLI pide un cultivo puede deducir las horas de encendido a partir de la potencia de la lámpara, o el PPFD necesario —y con él la altura— si las horas están fijadas.
Qué cifra pide cada planta
Por debajo de 5 mol al día solo viven plantas de sombra como el potos o la zamioculca. Las hortalizas de hoja y las aromáticas quieren de 12 a 17; el tomate, el pimiento y el pepino, de 20 a 30, y por debajo echan hojas pero apenas cuajan fruto.
Como referencia: una ventana al norte da en invierno menos de 2 mol, y una al sur en junio pasa de 20. Eso explica que la misma planta produzca en verano y se quede parada en diciembre.