La duración del día es el intervalo entre la salida y la puesta del sol. Más interesante que el número suele ser a qué velocidad está cambiando, y eso se reparte de forma muy desigual a lo largo del año.
Cerca de los equinoccios Madrid gana más de tres minutos diarios, casi media hora por semana. Cerca de los solsticios son segundos: durante un par de semanas la duración se queda prácticamente quieta. De ahí el nombre — el sol se detiene.
Por qué el día no cambia a ritmo constante
La declinación del sol recorre a lo largo del año una sinusoide entre más y menos 23,44 grados. Una sinusoide cambia lo más despacio en sus extremos y lo más deprisa en su paso por cero, y los extremos son los solsticios mientras que el paso por cero son los equinoccios.
Por eso en marzo y en septiembre amanece o anochece antes de un día para otro de forma muy perceptible, y en junio y diciembre parece que nada se mueve durante semanas. El ritmo depende además de la latitud: en Bilbao cambia más deprisa que en Sevilla, porque allí toda la curva es más pronunciada.
La puesta más temprana no cae en el día más corto
El día más corto es el 21 o el 22 de diciembre. Pero la puesta de sol más temprana llega en España a primeros de diciembre, y la salida más tardía no ocurre hasta principios de enero. No es un error de cálculo, es la ecuación del tiempo: durante esas semanas el mediodía solar se retrasa varios minutos y arrastra consigo la salida y la puesta.
En la práctica: quien en diciembre tiene la impresión de que ya atardece más tarde mientras por la mañana sigue amaneciendo cada vez después, tiene toda la razón. Las dos cosas ocurren a la vez, y la duración del día, que es la diferencia, alcanza su mínimo en medio.
Lo que aportan la latitud y la altura del sol
En el ecuador el día dura lo mismo todo el año, algo más de doce horas. Cuanto más al norte, más oscila el valor: en Sevilla va de unas nueve horas y media a catorce y media, en Bilbao de nueve a quince y media, y pasado el círculo polar de cero a veinticuatro.
Aquí figura también la altura del sol al mediodía, porque explica el calor mejor que la duración del día. Vale 90 grados menos la distancia entre la latitud y la declinación: en Madrid son 73 grados en junio y solo 26 en diciembre. Como la radiación va con el seno de esa altura, en diciembre llega a la misma superficie bastante menos de la mitad de la energía de junio.