Diluir es repartir la misma cantidad de soluto en un volumen mayor. Como la cantidad de soluto no cambia, se cumple c₁·V₁ = c₂·V₂: cuatro magnitudes de las que hacen falta tres para que la cuarta quede determinada.
Esta calculadora da dos cifras por separado: el volumen de concentrado y el volumen de disolvente que se añade. El motivo es la eterna ambigüedad de «uno a diez»: para unos es una parte sobre nueve de agua, para otros una parte en diez de volumen final. Con las dos cifras delante ya no hay nada que interpretar.
Lo que la fórmula da por supuesto
c₁·V₁ = c₂·V₂ supone que los volúmenes se suman sin más: 100 ml de concentrado y 400 ml de agua dan 500 ml de disolución. Para disoluciones acuosas diluidas la aproximación es lo bastante buena como para que no se note en la probeta.
Con etanol y agua no se cumple. Cincuenta mililitros de etanol y cincuenta de agua dan unos 96 ml, no 100: las moléculas se empaquetan más juntas de lo que lo harían por separado. Donde eso importa se enrasa en matraz aforado hasta el volumen final en lugar de medir el disolvente y añadirlo. En esos casos el volumen de disolvente que aparece aquí es orientativo, y el dato firme es el volumen final.
El orden y la seguridad
Con ácidos concentrados vale la regla que repite cualquier clase de química: el ácido sobre el agua, nunca el agua sobre el ácido. Al diluir ácido sulfúrico concentrado se libera tanto calor que el líquido llega a hervir localmente; si se echa agua encima del ácido, salpica justo donde el ácido está más concentrado.
Para el cálculo el orden da igual, para las manos no. La calculadora dice cuánto concentrado va al matraz y cuánto disolvente hace falta en total; en qué orden se juntan lo decide la sustancia, no la aritmética.
Factor de dilución y diluciones seriadas
El factor de dilución es el cociente entre las dos concentraciones: pasar de 10 a 2 es un factor 5. Un factor 5 significa que una parte de concentrado acaba repartida en cinco partes de disolución, es decir, una parte de concentrado y cuatro de disolvente.
Los factores grandes no se consiguen de una vez. Para bajar de 1 mol/l a 1 micromol/l habría que pipetear una millonésima de mililitro, algo imposible. En su lugar se diluye por etapas —por ejemplo seis veces por un factor de 10— y los factores se multiplican entre sí. Cada etapa arrastra, eso sí, su propio error: seis pasos con un 2 % de desviación cada uno pueden acabar en un 12 % largo.