El precio por unidad lleva dos envases a la misma medida y los hace comparables. Es lo que obliga a poner la normativa de etiquetado en el lineal, porque por voluntad propia nadie lo pondría.
El formato grande no siempre gana. En ofertas, recambios y packs familiares la relación se da la vuelta con frecuencia, y entre dos marcas distintas, casi siempre.
Lo que la etiqueta tiene que decir
El Real Decreto 3423/2000 obliga a indicar, junto al precio de venta, el precio por unidad de medida: kilo, litro, metro o metro cuadrado. En envases pequeños se admite referirlo a 100 gramos o 100 mililitros.
Quedan fuera los productos vendidos a granel por unidades y algunas cantidades mínimas. Donde no aparece, solo queda hacer la cuenta, que es para lo que sirve esta calculadora.
La trampa del contenido
Reducir el contenido manteniendo el precio es una subida encubierta. En el precio de venta no se nota; en el precio por kilo salta a la vista de inmediato.
En conservas hay que mirar además el peso escurrido y no el neto: la proporción de líquido cambia de una marca a otra, y ambas cifras vienen en la etiqueta.