Los FPS y el tiempo de fotograma son la misma magnitud vista por dos lados: uno cuenta imágenes por segundo y el otro mide lo que dura una imagen. La relación es un inverso, y por eso la cifra de FPS engaña.
De 30 a 60 FPS se ganan 16,7 milisegundos por fotograma. De 200 a 230 se ganan 0,65: los mismos treinta fotogramas, una diferencia completamente distinta para el ojo y para la mano.
Por qué la curva se aplana arriba
Un fotograma a 60 FPS dura 16,67 milisegundos; a 120 FPS, 8,33, y a 240 FPS, 4,17. Cada duplicación parte el tiempo por la mitad, así que cada paso siguiente es menor. Los últimos treinta fotogramas de un equipo de 240 FPS cuestan más potencia que los primeros cien y aportan menos de un milisegundo.
Por eso hace tiempo que las pruebas de hardware se miden en milisegundos. Quien quiera saber si una mejora merece la pena mira la ganancia en ms, y esta calculadora la da directamente.
Tasa de fotogramas y monitor
Un monitor de 144 Hz muestra una imagen nueva cada 6,94 milisegundos. Si la gráfica entrega 100 FPS, no todas las imágenes del panel caen sobre un fotograma terminado, y sin frecuencia variable aparecen tirones o un corte horizontal en la pantalla.
Freesync y G-Sync lo resuelven haciendo que el monitor espere a la gráfica, pero solo dentro de su rango, que suele empezar hacia los 48 Hz. Por debajo entran técnicas de duplicado y por encima del máximo se vuelve a recortar.