Las conexiones se venden en megabits por segundo y los archivos se miden en megabytes. Un byte son ocho bits, así que la cifra anunciada se divide entre ocho antes de aparecer en la barra de progreso: cien Mbit/s se quedan en 12,5 MB/s.
A eso se suma que ninguna línea alcanza su tasa nominal completa. La sobrecarga del protocolo, la carga del servidor y el wifi propio se llevan juntos entre un diez y un veinte por ciento.
Gigabyte no es igual a gigabyte
Un gigabyte son mil millones de bytes; un gibibyte, 1 073 741 824. Las plataformas de juegos suelen mostrar gibibytes pero los llaman GB, y de ahí sale una diferencia de cerca del siete por ciento entre lo que se ve y lo que se calcula.
Un juego anunciado como 100 GB equivale a 93,1 GiB; si la cifra en pantalla eran en realidad 100 GiB, se trata de 107,4 GB. En una conexión normal eso son varios minutos de diferencia, y por eso la calculadora da las dos cifras.
Por qué al final tarda más de todos modos
Los juegos grandes no solo se guardan al descargarlos: también se descomprimen y se escriben en el disco. Con un disco lento ese paso se convierte en el cuello de botella y la tasa de red baja a ojos vista aunque la línea esté libre.
La duración calculada es por tanto un mínimo. Se cumple bien con un SSD y una línea tranquila, y se desvía bastante en cuanto hay una emisión en marcha o varios aparatos colgando del mismo router.