El winrate es una proporción, no un recuento, y por eso se vuelve más lento con cada partida. A las veinte partidas una victoria mueve la cifra puntos enteros; a las mil, fracciones de punto.
Eso es lo que hace interesante la pregunta de cuántas victorias faltan para un objetivo: la respuesta no crece con la distancia sino con el número de partidas ya jugadas.
Por qué los últimos puntos son los más caros
Quien tras cien partidas está en el 48 por ciento necesita cuatro victorias seguidas para llegar al 50. Quien está en el 48 tras mil partidas necesita cuarenta. La distancia es la misma y el esfuerzo, diez veces mayor.
La fórmula detrás: las victorias necesarias son el objetivo por las partidas menos las victorias actuales, dividido entre lo que falta hasta la unidad. En cuanto el objetivo llega al cien por cien deja de tener solución: hasta ahí no lleva ningún camino finito.
Lo que el porcentaje no dice
Un winrate del 50 por ciento es, en un juego con emparejamiento que funciona, el objetivo del sistema y no una señal de mediocridad. Quien mejora asciende hasta volver a encontrarse con rivales de su fuerza, y acaba otra vez en la mitad.
La cifra solo dice algo comparada: mismo nivel, mismo rol, mismo periodo. Promediada sobre cualquier circunstancia mide sobre todo la clasificación, no la destreza.