Escribe el ancho y el alto que tiene ahora la imagen, elige cómo quieres fijar el tamaño nuevo —por el ancho, por el alto, en porcentaje o en megapíxeles— y la calculadora devuelve los dos lados nuevos con la proporción intacta. Una foto de 6.000 × 4.000 llevada a 1.920 px de ancho sale a 1.920 × 1.280: 2,46 megapíxeles frente a los 24 de partida.
Lo que casi nadie tiene presente es que el lado y la superficie no encogen al mismo ritmo. De 6.000 a 1.920 el lado se divide entre 3,125, pero la superficie entre 9,77, porque el mismo factor actúa sobre los dos lados a la vez. Y el peso del archivo sigue a la superficie, no al lado: por eso una reducción que en la ficha técnica parece modesta se nota tantísimo en lo que acaba ocupando la foto.
El lado engaña, la superficie manda
El error más repetido es leer la reducción por el lado. Alguien pasa una foto de 6.000 px a 1.920 px de ancho y da por hecho que el archivo quedará en torno a un tercio. La calculadora muestra el otro número: la superficie cae a 0,1024 de la original, o sea 9,77 veces menos píxeles en total. Con el 50 % ocurre lo mismo en pequeño: la mitad de cada lado deja la cuarta parte de la imagen. Es aritmética elemental, el factor se aplica dos veces, pero cuesta creerla hasta que se ven los dos resultados juntos en la misma pantalla.
Por eso la pista sobre el peso se da como una relación y no en megabytes. Lo que ocupa un JPEG o un WebP depende de lo que haya dentro: un cielo liso se comprime muchísimo más que un castaño en otoño, y al reducir desaparece además el ruido, que era caro de guardar. Dos fotos de 24 Mpx hechas con la misma cámara pueden ocupar una el triple que la otra. Prometer «tu archivo bajará a 600 kB» sería inventar una cifra que nadie ha medido; decir «unas diez veces menos superficie» es una guía que vale para cualquier foto.
Ampliar no fabrica detalle
Si escribes un destino mayor que el original, la calculadora lo acepta y te da los números: 800 × 600 al 200 % son 1.600 × 1.200 y cuatro veces la superficie. Lo que no puede darte es detalle. Esos 1.920.000 píxeles salen de los 480.000 que había, repartiendo por interpolación los mismos datos entre una cuadrícula mayor. El resultado se ve más grande y más blando, con los bordes algo pastosos, y ninguna cifra de esta página cambia eso: ampliar sirve para llenar un hueco de maquetación, no para recuperar lo que la cámara no captó.
Hay un caso en el que agrandar no es un autoengaño: la pantalla. En un portátil o un móvil de densidad doble, una imagen de 1.920 píxeles reales ocupa 960 píxeles CSS, que son los que cuentan en la maquetación. Conviene no mezclar las dos unidades al decidir el destino, porque el navegador razona en píxeles CSS y el archivo, en píxeles de verdad. La noción de píxel CSS procede de las especificaciones del W3C (World Wide Web Consortium), y la medida de resolución de las cámaras está normalizada por ISO (Organización Internacional de Normalización).
Píxeles enteros: por qué la proporción baila un poco
Un píxel no se parte por la mitad: los dos lados se redondean al entero más próximo y nunca bajan de uno. Casi siempre da igual, pero ese redondeo mueve la proporción unas milésimas. Reduce 1.920 × 1.080 al 33 % y salen 634 × 356; el campo de proporción sigue describiendo la imagen que escribiste, 16 : 9 exacto, mientras que esos dos números de salida forman 317 : 178, una relación que se aparta del 16 : 9 en menos del 0,2 %. En pantalla no se aprecia y no van a salir franjas negras por ello, pero conviene saber de dónde viene la diferencia.
El modo por megapíxeles es donde más se nota, porque el factor sale de una raíz cuadrada y casi nunca es redondo. Pide 8 Mpx partiendo de 6.000 × 4.000 y obtienes 3.464 × 2.309, con 8,00 Mpx y una superficie tres veces menor; esos dos números forman 3.464 : 2.309, una relación que ya no se simplifica, aunque el campo de proporción siga marcando el 3 : 2 del original. Cuando el destino exige una cifra clavada —un vídeo que pide 1.920 × 1.080, una plantilla que pide formato cuadrado— lo sensato es fijar un lado aquí y recortar después, porque una reducción proporcional no puede cambiar la forma de la imagen.