Todo cable es una resistencia, y en toda resistencia cae tensión. En un enchufe cercano apenas se nota; en cincuenta metros hasta el trastero del jardín, sí: la bombilla alumbra menos y el motor se calienta más.
Se introduce la longitud simple, la distancia hasta el receptor, porque el hecho de que la corriente vaya y vuelva ya está en la fórmula: en monofásica como un factor dos, en trifásica como la raíz de tres.
Lo que pide el reglamento español
La ITC-BT-19 del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión admite un 3 % en los circuitos de alumbrado de una vivienda y un 5 % en los demás usos. Ese 3 % viene puesto por defecto y se puede cambiar.
La calculadora indica además la sección con la que se cumpliría el límite elegido. No redondea a la serie comercial: si salen 4,06 mm², en la tienda eso significa el cable de 6 mm².
Por qué el aluminio tiene que ser más grueso
La resistividad del cobre es 0,0175 Ω·mm²/m y la del aluminio 0,0282, es decir, un sesenta por ciento más. Un cable de aluminio necesita alrededor de vez y media la sección para la misma caída.
A cambio pesa y cuesta menos, y por eso las líneas enterradas y las aéreas suelen ser de aluminio. Dentro de la vivienda sigue mandando el cobre, sobre todo por las conexiones.