Una subida del 3 % con una inflación del 3 % no es media subida: es exactamente cero. Esta calculadora compara tu sueldo bruto anterior con el nuevo, descuenta la inflación del mismo periodo y te dice qué ha pasado de verdad con tu poder adquisitivo. Solo hacen falta tres cifras: lo que cobrabas, lo que cobras y cuánto han subido los precios entre una fecha y otra.
Verás cinco resultados: los euros de más, la subida nominal en porcentaje, la variación real —lo que queda después de los precios—, lo que vale tu sueldo nuevo medido en dinero de antes de la subida y una lectura en una línea que dice si has ganado, has empatado o has perdido. El cuarto número es el que suele abrir los ojos: con una inflación del 3 %, 3.090 euros de hoy valen justo 3.000 de antes, o sea, el punto de partida. La página calcula; no aconseja nada.
Por qué no se restan los porcentajes
La tentación es restar: si me suben un 3 % y la inflación es del 3 %, me quedo igual; si me suben un 20 % con una inflación del 15 %, gano un 5 %. La primera cuenta sale bien, pero solo porque las dos cifras coinciden: cuando son iguales, restar y dividir dan cero por igual. La segunda falla. Lo que se compara son índices, no porcentajes sueltos, y los índices se dividen: la variación real es (1 + subida) entre (1 + inflación), menos uno. Con 20 % y 15 % sale 4,35 %, no 5 %: 0,65 puntos que se esfuman en cuanto las cifras dejan de ser pequeñas.
Con números pequeños la diferencia casi no se nota: una subida del 2 % con una inflación del 1,5 % da 0,49 % en lugar del 0,5 % de la resta, y eso no le cambia la vida a nadie. El problema aparece en los saltos grandes, en los convenios que llevan años sin revisarse y en los periodos en que los precios corren. Por eso la calculadora divide siempre los índices, también cuando restar daría casi lo mismo: una fórmula que no falla nunca es mejor que dos que se turnan según el tamaño de las cifras.
Esto es sueldo bruto, no lo que llega a la cuenta
Las dos casillas de sueldo son de bruto —la tercera es la inflación— y el resultado también es bruto. Conviene decirlo claro, porque la diferencia no es un detalle: con un IRPF por tramos, el dinero nuevo tributa al tipo marginal, el del tramo más alto que alcanzas, así que la subida que acaba viéndose en la nómina es, en porcentaje, menor que la bruta. La excepción es quien sigue por debajo del mínimo a partir del cual se retiene, donde no hay nada que descontar. Cuánto menor depende de tu tramo, de tu situación personal y del tipo de retención que aplique la empresa.
Además, cuando el sueldo cambia a mitad de año la empresa recalcula el tipo de retención y lo aplica a los meses que quedan, de modo que la nómina de después no se distingue de la de antes solo por el bruto. Si lo que quieres saber es cuánto vas a cobrar de verdad, hay que pasar la nómina por un cálculo de retenciones, que es otra herramienta. Aquí la pregunta es distinta y más limpia: dejando los impuestos aparte, ¿tu sueldo ha ganado o ha perdido frente a los precios? Comparar bruto con bruto y precios con precios responde a eso sin mezclar dos asuntos.
Qué inflación escribir en la tercera casilla
La inflación tiene que cubrir el mismo periodo que la subida, ni más ni menos. Si tu sueldo cambió en enero y lo comparas con el enero anterior, la cifra que te sirve es la variación interanual del IPC de ese mes, que publica el INE (Instituto Nacional de Estadística). Si el convenio llevaba tres años sin tocarse, no vale poner la inflación de un solo año: hay que acumular la de los tres multiplicando los índices, porque los precios también se fueron componiendo uno sobre otro.
Puedes escribir una cifra negativa si los precios bajaron; la casilla admite desde −50 hasta 200, así que también sirve para escenarios de deflación o de inflación alta. Y si estás negociando algo que empieza el año que viene, tiene sentido probar con varias cifras de inflación esperada —las proyecciones del Banco de España son un punto de partida razonable— y mirar cómo se mueve la variación real. No es una previsión: es ver cuánto aguanta tu subida antes de quedarse en nada.