A la nómina bruta la empresa suma su cotización a la Seguridad Social: 23,6 por ciento de contingencias comunes, 5,5 de desempleo en contrato indefinido, 0,2 de FOGASA, 0,6 de formación y 0,75 del mecanismo de equidad intergeneracional. En total un 30,65 por ciento.
A eso hay que añadir la tarifa de accidentes de trabajo y enfermedad profesional, que depende de la actividad. El coste de personal queda así en torno a un tercio por encima del salario bruto, y eso antes del puesto de trabajo, el equipo y la formación.
Por qué el coste por hora sale tan alto
Se pagan catorce pagas y se trabajan menos días de los que parece: con 30 días naturales de vacaciones y unos 12 festivos, de los 261 días laborables del año se caen unos 34. El coste por hora realmente trabajada queda por eso bastante por encima de dividir la nómina entre 160.
Si se cuentan además las bajas, el reparto se mueve más todavía. Para fijar un precio por hora a un cliente esa es la cifra que vale, no el bruto mensual dividido entre las horas de convenio.
Las bases de cotización tienen tope
Por encima de la base máxima, que en 2026 está en 5 101,20 euros al mes, la cotización deja de crecer. Un salario muy alto cuesta a la empresa proporcionalmente menos, aunque en euros cueste más.
Por debajo también hay suelo: la base mínima del grupo de cotización. Con salarios cercanos al mínimo interprofesional, la cotización se calcula sobre esa base mínima aunque el salario efectivo quede por debajo.