La shopska es más joven de lo que aparenta: se compuso en los años cincuenta para el turismo búlgaro, con los colores de la bandera — blanco sobre verde sobre rojo. Aun así se volvió auténtica: hoy está en cada mesa de Sofía a Skopie.
Su seña es el orden: el queso no se mezcla, se posa como una nevada cerrada sobre la verdura. Se rompe en la mesa, con el tenedor.
El pimiento asado y pelado es el paso que los apresurados se saltan, y es justo lo que separa esta ensalada de un plato de verdura cualquiera: asado sabe dulce y ahumado en vez de aguado.
