La feijoada es el plato dominical de Brasil, y su riqueza viene de la variedad de carnes: la salazón aporta hondura, el ahumado aporta humo, el embutido aporta grasa. Una sola carne da frijoles con carne; solo la mezcla da feijoada.
La carne en salazón hay que desalarla: horas de remojo y todavía un hervor aparte. Quien acorta ese paso ya no puede salvar el guiso: salar siempre se puede, desalar nunca.
La naranja y la col crujiente no son adorno sino arquitectura: el ácido y el frescor sostienen el equilibrio de un guiso pesado. Sin ellas, el plato cansa a la tercera cucharada.
