El ful se cocina toda la noche al fuego más bajo posible — en Egipto hay una olla de cuello angosto que se deja sobre las brasas hasta la mañana. En casa lo hacen la olla lenta o el horno a noventa grados.
Parte de las habas se maja y parte queda entera. De ahí la textura: una base cremosa con habas enteras adentro, no un puré uniforme.
Se sazona en el plato, no en la olla. El aceite de oliva, el limón, el comino y el chile los pone cada uno a su gusto — el plato está pensado como base que se termina individualmente.






