El nihari se cocinaba de noche y se comía al alba — del árabe nahar, mañana. El punto es el guisado larguísimo: el colágeno del morcillo se vuelve gelatina y la salsa espesa sola, sin harina.
La harina igual hace falta, pero poca y al final del todo: la lechada entra en hilo fino y debe hervir bien, o queda gusto a crudo.
El tuétano es parte del plato, no un extra. Los huesos van enteros a la olla, y en el plato el tuétano se saca aparte y se unta en el pan.






