El pan se rompe al bol con las manos, no se corta: los trozos desparejos absorben el caldo distinto, y en eso está la textura del plato.
Cada uno arma su propio bol: cuánta harissa, cuánto comino, con huevo o sin. En las lablabías tunecinas los condimentos están en la mesa, no en la cocina.
Es comida de mañana de trabajo — barata, caliente y contundente. Se desayuna de pie, y en Túnez hay locales que no cocinan otra cosa.






