Una batería externa de 20.000 mAh no anuncia energía, anuncia carga: los miliamperios hora solo cuentan electrones, y hasta que no se multiplican por la tensión no significan nada. A los 3,7 V de una celda de litio, esos 20.000 mAh son 74 Wh. Descontando el 15 % que se queda el convertidor quedan 62,9 Wh, y un aparato de 5 W funciona con ellos 12 horas y 35 minutos.
Esa multiplicación es la que hace que comparar baterías por los mAh salga mal. Los 20.000 mAh de la batería externa están medidos a 3,7 V y los 5.000 mAh de un móvil a 3,85 V: sobre el papel parecen cuatro cargas, pero son 74 Wh frente a 19,3 Wh y, con las pérdidas por medio, se quedan en poco más de tres.
Los mAh cuentan carga; los vatios hora, energía
Un amperio hora es una cantidad de carga, y la carga sola no mueve nada: la energía es carga por tensión. De ahí la fórmula que hay detrás de esta página, capacidad en amperios hora por voltios igual a vatios hora. Los 20.000 mAh del ejemplo son 20 Ah, y 20 × 3,7 = 74 Wh.
Los fabricantes de baterías externas dan los mAh de la celda, a 3,7 V, porque es el número más grande que pueden poner en la caja. Los de portátiles dan directamente los vatios hora, y las compañías aéreas también: el límite de 100 Wh para el equipaje de mano que recuerda la AESA es la razón de que casi ninguna batería externa pase de 26.800 mAh, que a 3,7 V son 99 Wh justos.
La capacidad de la etiqueta no es la que sale por el puerto
Dentro hay celdas de 3,7 V y fuera hay un puerto USB de 5 V, así que entre medias trabaja un elevador de tensión, y ningún convertidor es gratis: entre el 10 y el 20 % de la energía se marcha en calor. Por eso el cálculo lleva un campo de rendimiento, y por eso los 74 Wh nominales se quedan en 62,9 Wh reales con el 85 % que viene puesto por defecto.
Con qué número rellenarlo depende del camino. Un USB-C con Power Delivery trabajando cerca de su carga nominal ronda el 90 %; un USB-A de 5 V barato se queda en el 80; alimentar algo que consume medio vatio baja todavía más, porque el convertidor gasta lo suyo incluso casi en vacío. Y si el aparato del otro extremo tiene su propia batería, hay una segunda conversión que también pierde: para cargar un móvil, escriba 75 en vez de 85.
El frío y los años restan antes de empezar
El litio se vuelve perezoso con el frío: la resistencia interna sube, la tensión se hunde antes bajo carga y el aparato se apaga cuando todavía queda carga dentro. Solo una parte pequeña se pierde de verdad, la que esa misma resistencia convierte en calor. A 0 °C es normal perder entre un 10 y un 20 %, y por debajo de −10 °C, si además se pide corriente alta, la entrega puede caer cerca de la mitad. Con un 15 % menos, los 62,9 Wh del ejemplo se quedan en 53 y las 12 horas y media pasan a menos de 11. En invierno, la batería en el bolsillo interior.
La mayor parte de esa energía no está perdida: vuelve en cuanto la batería se templa. El envejecimiento no vuelve. Una celda de litio conserva alrededor del 80 % de su capacidad tras unos 500 ciclos completos, así que en una batería de tres años lo honrado es escribir 16.000 mAh donde la etiqueta pone 20.000, y dejar el rendimiento como está.