Una vivienda que consume 4.000 kWh al año, en un emplazamiento donde cada kilovatio pico produce 1.500 kWh, necesita 4.000 ÷ 1.500 = 2,67 kWp. Con los módulos de hoy, de unos 400 Wp y dos metros cuadrados cada uno, eso son 13,3 m² de superficie captadora: siete paneles, porque no se compran fracciones. Al revés: una instalación prevista de 8 kWp en ese mismo sitio produciría 8 × 1.500 = 12.000 kWh al año, el triple del consumo.
Las tres casillas son el consumo del año, la producción específica del sitio y la potencia que usted ya tenga pensada. La segunda es la que decide el resultado, y es también la única que no puede sacar de su factura: cambia con el emplazamiento, la inclinación y la orientación, y conviene consultarla antes de fiarse de ningún número.
La producción específica no es una constante
Ese valor, kilovatios hora por cada kWp instalado y año, resume el sol que llega a su tejado menos las pérdidas del sistema. En España va de unos 1.150 kWh/kWp en la cornisa cantábrica a más de 1.700 en el valle del Guadalquivir y en Canarias. Con el mismo consumo de 4.000 kWh, en Bilbao harían falta 3,5 kWp y en Sevilla 2,4: casi un cincuenta por ciento más de potencia, y de presupuesto, para la misma casa.
Dentro de un mismo municipio, la inclinación y la orientación mueven otro tanto. El óptimo está al sur y entre 30 y 35°; girar a este o a oeste cuesta del orden de un 15 %, y una chimenea que sombree una fila a media tarde puede costar más que todo lo anterior junto. PVGIS, la herramienta del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, da el valor para su dirección exacta con el azimut y la inclinación que usted indique, y ya descuenta las pérdidas del sistema. Ese es el número que hay que traer a esta casilla.
Cubrir el consumo sobre el papel no es dejar la red
Los kWp que salen cuadran el balance del año, no el del día ni el del mes. En julio una instalación española produce del orden del doble que en diciembre, y el consumo de una vivienda va justo al revés: se enciende todo cuando ya no hay sol. Sin batería, una casa corriente autoconsume entre el 30 % y el 40 % de lo que genera; el resto se vierte a la red y por la noche se vuelve a comprar.
Ese vertido se retribuye con la compensación simplificada de excedentes del Real Decreto 244/2019: se descuenta en la factura, pero como mucho hasta dejar a cero el término de energía del periodo, y lo que sobre no arrastra saldo al mes siguiente. La potencia contratada, los peajes y los impuestos siguen ahí. Por eso una instalación que sobre el papel cubre el año entero sigue necesitando contrato de suministro, y dimensionar una batería es otro cálculo distinto: se hace sobre el consumo nocturno, no sobre el anual.
De los metros cuadrados al cuadro eléctrico
La superficie que da la calculadora es la de los módulos que cubrirían su consumo —la potencia necesaria, no la prevista—, a razón de unos 5 m² por kWp, que es lo que sale de los 200 W/m² de un panel actual de 400 Wp y dos metros cuadrados. Con los 2,67 kWp del ejemplo son 13,3 m², siete paneles y unos 160 kg sobre la estructura; una instalación de 8 kWp ocuparía 40 m², veinte paneles y del orden de media tonelada. El tejado tiene que ser mayor: en cubierta inclinada hay que dejar bordes y paso, y en cubierta plana, con las filas levantadas y separadas para que no se den sombra, se ocupa entre el doble y el triple.
En la parte eléctrica, hasta unos 5 kW el inversor se conecta en monofásico a 230 V y por encima se pasa a trifásico 400 V, 50 Hz. La instalación se rige por la ITC-BT-40 del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, con sus protecciones y su protección anti-isla. Para autoconsumo de hasta 15 kW en suelo urbanizado con dotaciones existentes no hacen falta permisos de acceso y conexión, lo que no exime del boletín ni de la memoria técnica firmada: esto es un predimensionado, no un proyecto.