La leche de coco se reduce primero hasta que suelte el aceite y aparezcan las virutas doradas del titoté. Ellas dan al arroz su color oscuro y su gusto a caramelo; sin ese paso sale arroz blanco y ya.
El titoté no se puede quemar. Apenas las virutas toman un marrón profundo, entra el agua — un segundo de más y la olla entera amarga.
El arroz no se revuelve una vez adentro. Como en todo arroz con coco, cada vuelta de cuchara suelta almidón y lo vuelve pegajoso.






