La base es el sofrito: cebolla, ajo y pimiento pochados en aceite de oliva hasta ablandarse del todo. No es un primer paso de prisa sino veinte minutos de trabajo de los que depende todo el sabor.
La cerveza entra en lugar de parte del caldo. Da un amargor leve y un aroma propio, y en Cuba la cerveza clara en el arroz con pollo es norma, no licencia.
El arroz no se toca después de echarlo. Como en el pilaf, cada vuelta de cuchara suelta almidón, y el arroz sale pegajoso en vez de desgranado.






