La base es almidón de mandioca, no harina de trigo. Él da esa miga elástica, levemente gomosa, por la que se reconoce el chipá.
Levadura no hay: levantan los huevos y el vapor del queso. Por eso el horno tiene que estar bien caliente — a temperatura baja el chipá queda plano.
En Semana Santa se comen por cantidades enormes, y en Paraguay es la comida callejera más reconocible: los vendedores recorren los buses con canastas.






