La versión completa — el sancocho de siete carnes — lleva siete. En casa se arregla con tres, pero el principio es el mismo: cada carne le da al caldo lo suyo, y ninguna reemplaza a otra.
Los víveres entran por densidad y tiempo: yuca y yautía primero, batata y plátano después. Parte de ellos se deshace y espesa la sopa — su almidón es el espesante.
El sancocho se hace por ocasión: un cumpleaños, un aguacero, un pariente que vuelve del extranjero. Una olla para menos de diez personas en República Dominicana se mira raro.






