El huevo con limón se templa con caldo caliente: se vierte en hilo fino batiendo sin parar. Volcada a la olla, la mezcla se corta en un segundo.
Con el huevo adentro, la sopa no hierve más. Se calienta como mucho hasta el vapor; al hervir la proteína cuaja y la sopa queda turbia y granosa.
El limón se ajusta al final, probando. La acidez debe notarse sin cortar, y en las casas griegas la proporción se fija a gusto, no por receta.






