La carne se corta contra la fibra en tiras de un dedo y se sella por tandas de minuto y medio. Guisar no entra en el plan: el fuego largo endurece el lomo en vez de ablandarlo.
La crema agria entra con la sartén fuera del fuego y no hierve nunca. El hervor la corta en suero y grumos, y la suavidad ya no vuelve.
El plato nació en los años 1860 en la cocina del conde Stróganov, en Odesa, pensado como una forma de servir carne fácil de comer para un hombre con mala dentadura.






