El ceviche ecuatoriano lleva caldo, a diferencia del peruano. Los camarones se sancochan y su caldo, ya frío, es la base de la salsa — esa es la diferencia de fondo entre las dos tradiciones.
La salsa de tomate en el aliño no es descuido sino canon. Da dulzor y color, y sin ella el ceviche ecuatoriano deja de reconocerse.
Se sirve con canguil y chifles, que se desmigan directo en el plato. El crujido contra un ceviche líquido hace lo mismo que los picatostes en la sopa.






