La salsa importa más que el cangrejo, y se hace en cantidad. Justo por eso vienen los mantou — panes fritos con los que se rebaña hasta la última cucharada.
El huevo entra al final, en hilo fino y con el fuego apagado. Debe cuajar en hebras, no en grumos — eso vuelve la salsa aterciopelada.
El plato pica menos de lo que promete el nombre: el chile va equilibrado con tomate y azúcar. El picante se regula con sambal, añadido al gusto.






