El croissant sube con el vapor de la mantequilla, no con la levadura. La levadura pone sabor y ligereza, pero lo que separa las capas es el agua que se evapora de la mantequilla entre ellas. Por eso la mantequilla no puede fundirse con la masa en ningún momento.
Masa y mantequilla deben tener la misma consistencia — las dos frías e igual de maleables. La mantequilla tibia se absorbe en la masa; la demasiado fría se parte en trozos y rompe la lámina.
Tres pliegues en tres dan veintisiete capas. Más no hace falta: pasadas las cincuenta, las capas quedan tan finas que se funden entre sí.






