El nombre significa «hueso con agujero»: el morcillo se corta atravesado, con su hueso de tuétano. El tuétano se funde en la salsa y le da un cuerpo que no dan ni la harina ni la crema.
Cada pieza se ata con hilo alrededor. Sin eso la carne se despega del hueso al brasear, y al plato llega un estofado cualquiera, no un ossobuco.
La gremolata — cáscara de limón picada con ajo y perejil — va cruda y al final del todo. Su acidez corta la grasa, y sin ella el plato empalaga al tercer bocado.






