Las planchas se hornean de una en una, extendiendo la masa sobre papel en forma de círculo. Cada una tarda seis minutos, y partir un solo bizcocho grueso en cinco ya es otra tarta.
La tapa de caramelo se corta en caliente, con un cuchillo untado de aceite, en cuanto espesa un punto. Fría se rompe en esquirlas y no salen porciones parejas.
József Dobos ideó la tarta en 1885 precisamente para que se conservara: el caramelo sella la crema, y la tarta aguantaba semanas sin frío — algo imposible antes de su invento.

