La cebolla se cocina aquí sin aceite y sin agua, cuarenta minutos. Suelta su propia humedad, se reduce y se vuelve pasta — recién entonces entra la grasa. Es el paso más largo y el más importante.
El berbere es la mezcla etíope de chile, fenogreco, cilantro, jengibre y una docena más de especias. Va con generosidad, dos o tres cucharadas, y se fríe en la grasa — o queda un gusto a polvo.
Los huevos se marcan con cortes antes de entrar. La salsa viaja por los cortes y tiñe la clara — no es un truco decorativo sino la forma de sazonarlos por dentro.






