En los draniki de verdad no hay ni harina ni huevo — solo papa, cebolla y sal. Los liga su propio almidón, por eso la papa debe ser harinosa, no nueva.
La masa rallada no se exprime a seco: algo de humedad hace falta, o las tortitas salen densas. Solo se escurre el agua que se asienta arriba.
La cebolla se ralla junto con la papa no por el sabor sino para que la masa no oscurezca: su ácido sostiene el color unos veinte minutos, lo que cubre toda la fritura.






