Se diferencian de los draniki en que llevan harina y huevo en la masa y en que se fríen en abundante aceite y no en sartén. Por eso salen más gruesas y crujen por toda la superficie y no solo por los bordes.
El perejil se pone en una cantidad notablemente mayor de lo que parece razonable. No está por adorno: en la versión luxemburguesa la hierba se percibe al mismo nivel que la cebolla.
Se comen de pie, de una bolsa de papel, con compota de manzana. Lo dulce contra lo frito y salado es una pareja asentada, y en los mercados no ofrecen otra cosa.