El punto se juzga por la uniformidad: no debe distinguirse ni grano ni hebra de carne. A ese estado el haleem se lleva con mazo de madera, no con cuchara.
El trigo y las legumbres se cuecen aparte de la carne y se unen solo cuando ambas partes se deshicieron. Juntos nunca llegan al punto a la vez: el grano y la carne corren en relojes distintos.
El servicio es la mitad del plato: cebolla frita, jengibre en hilos, chile verde, cilantro y limón van encima en el bol. Sin ellos el haleem es solo una papilla espesa.






