El pescado se corta a lo largo del lomo, se abre y se planta vertical alrededor de un fuego de leña de álamo. No se hace sobre brasas sino junto a la llama: horas, a calor reflejado.
El adobo es mínimo: aceite, sal, cúrcuma y tamarindo. El sentido está en el humo y en el propio pescado, por eso la carpa se compra viva y se limpia justo antes de cocinar.
Los últimos minutos el pescado se acuesta con la piel sobre las brasas, para que la grasa se funda de vuelta en la carne. Ahí van encima el tomate y la cebolla.






