El guiso se hace la víspera y se enfría del todo. Un relleno tibio derrite la masa por dentro y la hallaca se deshace en la olla — es regla, no comodidad.
La masa se tiñe con aceite onotado, no con cúrcuma. El naranja sale de las semillas de onoto calentadas en la grasa, y es la seña de una hallaca de verdad.
Se hacen en familia antes de la Navidad, por docenas y por cientos. Los papeles están repartidos: uno hace el guiso, otro extiende la masa, otro envuelve, otro amarra.






