El harees cuece tres horas o más y después se bate hasta quedar completamente liso. No debe distinguirse ni un grano ni una fibra de carne: esa es la prueba del punto y no una cuestión de gusto.
Especias apenas lleva: sal, algo de canela, a veces cardamomo. El sabor lo dan la propia carne y la mantequilla clarificada de encima, y añadir más se considera estropearlo.
Es plato para romper el ayuno: después de un día sin comer, el harees sienta mejor que el arroz con carne, y en Ramadán se sirve el primero, justo después de los dátiles.