Los shelpek se hacen de siete en siete: es un número ritual ligado al recuerdo de los antepasados. El olor de la masa friéndose, según la creencia, llega hasta los que se fueron.
La masa se amasa con leche agria o kéfir y no con agua. La acidez mantiene la torta blanda e impide que se endurezca al enfriarse.
Se estiran muy finas, hasta que traslucen. Una torta gruesa no se hincha en el aceite y se queda en una tortita densa en lugar de un shelpek aireado.