La masa se deslíe aparte en caldo frío y recién entonces se vierte. Echada seca en lo caliente, se hace grumos que ya no se deshacen.
La carne se deshilacha con las manos, no se corta. Las hebras chupan la salsa; los dados quedan mojados por fuera y secos por dentro.
La hierbabuena sorprende, pero es obligatoria. Corta lo pesado de la masa, y sin ella el plato cansa a la tercera cucharada.






