El estofado irlandés clásico es blanco. La carne entra cruda, sin dorar, y el caldo queda pálido. Sellarla da otro sabor, más pesado — bueno, pero ya no es este plato.
La patata entra en dos tandas. La primera se deshace por completo y liga el caldo; la segunda se suma media hora antes del final y se mantiene en trozos.
El condimento es sal, pimienta y perejil. Ni ajo, ni hierbas, ni tomate: el guiso creció en una cocina que no tenía nada de eso, y el sabor se construye con la carne y la cebolla.






