El queso tiene que ser cuajada fresca de cheddar, de menos de un día. Esa cuajada chirría entre los dientes, y en Quebec el chirrido es el examen que decide si una poutine es de verdad.
Los granos no se funden hasta quedar líquidos: la salsa caliente los ablanda por fuera mientras por dentro siguen elásticos. El queso rallado da una textura completamente distinta.
Las patatas se fríen dos veces: primero a 150 °C para que ablanden, después a 190 °C para la costra. Con una sola fritura quedan unas patatas que se empapan bajo la salsa en un minuto.






