El pudin sube por un choque de calor: la masa fría cae sobre grasa humeante, el agua que contiene se convierte de golpe en vapor y le infla la corteza.
La masa reposa media hora como mínimo, mejor una hora. En ese tiempo el gluten se relaja y el almidón se hidrata, y la subida sale más alta y más pareja.
En su origen el pudin se servía antes de la carne, con salsa, para que los comensales se llenaran con lo barato y comieran menos de lo caro. La economía de Yorkshire le dio al plato tanto el nombre como el orden de servicio.






