El trigo se cuece hasta deshacerse del todo: dos horas o más. Un jareesh terminado debe quedar uniforme, sin que se distinga ni un grano.
Al final se bate con cuchara de madera o con batidora. No es un capricho: el trabajo mecánico libera almidón y las gachas quedan cremosas en lugar de granulosas.
La cebolla frita bien oscura con su grasa es obligatoria por encima. Es el único contraste en un plato de texturas blandas, y sin ella el jareesh resulta monótono.


