La kama no es un plato sino una harina: mezcla tostada y molida de centeno, cebada, avena y arveja. Se vende lista, pero tostarla y molerla en casa funciona.
Se mezcla con kéfir o leche cortada, no con leche: la acidez hace falta, o sale una papilla sosa que solo huele a grano tostado.
La proporción es cuestión de gusto, pero la masa debe quedar más espesa que el kéfir bebible y comerse fácil con cuchara. Demasiado espesa se pega al paladar.






