El arroz entra crudo. Al cocerse absorbe el jugo de la carne y del tomate, mientras que hervido de antemano convierte el relleno en unas gachas.
Los rollitos se colocan bien apretados y se prensan con un plato. Sin el peso suben a flote y se desenrollan, y en la olla acaba el arroz suelto por un lado y las hojas por otro.
La canela no es aquí una nota de postre, sino la base del sabor. Las koupepia chipriotas se reconocen justo por ella, y la dolma griega normalmente no la lleva.