El té aquí se come, no se bebe. Las hojas fermentan semanas bajo tierra hasta una pasta agria y amarga que no se parece a nada; en Myanmar la vende cualquier tienda.
La ensalada se arma sobre el contraste de texturas: la pasta de té blanda contra cuatro crujidos fritos —maní, haba, sésamo y ajo. Quite uno y el plato se desarma.
El lahpet se ofrece a los invitados, se sirve al final de la comida y se regala en señal de reconciliación. Es además la única ensalada del mundo con té como ingrediente principal.






