El pescado entra en los últimos cinco minutos y ni uno más. El salmón se hace casi al instante, y pasado de punto se deshace en escamas y enturbia la sopa.
El caldo se hace con la cabeza y la espina, que aportan gelatina y un sabor que el lomo no da. Sin ellas el lohikeitto se convierte en una sopa de nata con pescado dentro, no en una sopa de pescado.
El eneldo va al plato y no a la olla, y en una cantidad que parece exagerada. Hervido pierde todo en dos minutos.






