El plátano se maja caliente y siempre con agua fría de la misma olla. Agua fría sobre puré caliente es la única manera de que quede liso; la caliente lo vuelve engrudo.
La cebolla se encurte en vinagre y va encima con su propio líquido. Esa acidez no es adorno: es el contrapeso de una base harinosa, y sin ella el mangú cae pesado.
El juego completo se llama «los tres golpes»: queso frito, salami y huevo. Así se desayuna en todo el país, y así se pide, con esas palabras.






