El arroz no se cuece en agua sino en el caldo de los frijoles — por eso sale gris oscuro y cargado de sabor. Cocidos aparte y mezclados, dan arroz con frijoles; moros no.
Los frijoles deben llegar a la mezcla algo crudos: terminan de hacerse junto al arroz. Del todo cocidos, se deshacen y convierten el plato en potaje.
El sofrito se fríe al final y se mezcla con el arroz ya hecho, no se hierve con él. Así la cebolla y el pimiento se distinguen en vez de disolverse.






