Las cáscaras y las cabezas no se tiran: se saltean y se cuecen veinte minutos, y en ese caldo se hace el arroz. Es lo que le da al murabyan una profundidad que al machboos le falta.
El eneldo entra en una cantidad que uno no esperaría de un plato árabe. Esa es la firma kuwaití, y con ella el murabyan no se confunde con nada en la región.
Las gambas entran al final y solo terminan de hacerse con el vapor. La bahía de Kuwait es célebre por sus gambas, y pasarlas de punto se considera un despilfarro.