La carne se asa en trozos grandes enteros sobre brasas bajas: una hora o más. El fuego fuerte da costra y centro crudo; lo que se busca es calor parejo hasta el fondo.
El adobo es mínimo: sal y limón, a veces ajo. En Kenia se considera que las especias esconden la calidad de la carne, y una buena cabra no las necesita.
Se despieza ya cocida, frente a los invitados, y se corta chico a contrafibra. Va en tabla de madera con sal y kachumbari, y se come con las manos.






